Si ya perdiste la cuenta de cuántos presidentes ha tenido Perú en los últimos años, no te preocupes: no eres el único. El Congreso peruano acaba de destituir al presidente interino José Jerí, sumando un nuevo capítulo a la telenovela política más intensa de Sudamérica. Y ojo, que esto pasa justo cuando el país se prepara para elecciones generales en abril.
¿Qué pasó exactamente con José Jerí?
José Jerí, quien ocupaba la presidencia de manera interina, fue removido por el Congreso de la República en una votación que dejó en evidencia la profunda fragmentación política del país. La decisión se tomó en medio de acusaciones y tensiones entre las distintas bancadas parlamentarias.
Para quienes no están familiarizados con la dinámica peruana, esto no es exactamente una sorpresa. Perú ha atravesado una inestabilidad presidencial sin precedentes en la región: en los últimos años, el país ha visto desfilar a múltiples mandatarios entre destituciones, renuncias y crisis constitucionales.
La salida de Jerí profundiza aún más el vacío de poder en un momento crítico, cuando la ciudadanía espera respuestas sobre economía, seguridad y gobernabilidad.
La montaña rusa presidencial: un recuento que marea
Para entender la magnitud de lo que vive Perú, hay que repasar la historia reciente. Desde 2016, el país ha tenido seis presidentes diferentes. Martín Vizcarra fue vacado en 2020, Manuel Merino duró apenas cinco días en el cargo, Francisco Sagasti asumió como transición, Pedro Castillo fue destituido y arrestado tras su fallido autogolpe en diciembre de 2022, y Dina Boluarte tomó las riendas en medio de protestas masivas que dejaron decenas de muertos.
La gestión de Boluarte estuvo marcada por niveles de aprobación históricamente bajos y una relación tensa con el Congreso, que paradójicamente también tiene una de las peores percepciones ciudadanas de la región. Ahora, con la remoción de Jerí, Perú suma otro nombre a la lista de mandatarios que no logran completar su periodo.
Perú se ha convertido en el ejemplo más extremo de inestabilidad presidencial en América Latina, con un sistema político que parece incapaz de sostener a sus líderes en el poder.
¿Y ahora quién sigue? La línea de sucesión en juego
Tras la salida de Jerí, la pregunta del millón es quién asumirá el mando del país en lo que resta antes de las elecciones de abril. Según la Constitución peruana, la línea de sucesión recae en el presidente del Congreso cuando no hay vicepresidentes disponibles, lo que genera un nuevo reacomodo político en el Parlamento.
El problema es que el Congreso peruano, con su fragmentación extrema y sus múltiples bancadas, no es exactamente un modelo de consenso. Las negociaciones para definir al siguiente en la línea de sucesión prometen ser intensas y, conociendo el historial reciente, potencialmente caóticas.
Las elecciones de abril: ¿la luz al final del túnel?
Lo único que parece ofrecer algo de esperanza a los peruanos son las elecciones generales programadas para abril de 2026. Estos comicios son vistos como la oportunidad de empezar de cero con un gobierno que tenga legitimidad popular y un mandato claro.
Sin embargo, el panorama electoral tampoco es sencillo. La fragmentación política que se vive en el Congreso se refleja también en la oferta de candidatos, con múltiples aspirantes y ninguno que logre consolidar una mayoría clara en las encuestas. La desconfianza ciudadana hacia la clase política es enorme: según datos recientes, más del 80% de los peruanos desaprueba tanto al Congreso como al Ejecutivo.
Además, la inestabilidad constante tiene un costo real para la economía y la vida cotidiana. La inversión extranjera se resiente, los proyectos de infraestructura se paralizan y la inseguridad ciudadana sigue en aumento, temas que cualquier nuevo gobierno tendrá que abordar con urgencia.
La mirada internacional: preocupación y cansancio
Desde el exterior, la situación peruana genera una mezcla de preocupación y fatiga. Organismos internacionales y países vecinos han expresado su inquietud por la gobernabilidad del país, mientras que analistas políticos señalan que el problema de fondo es estructural: una Constitución que facilita las vacancias presidenciales y un sistema de partidos extremadamente débil.
La comunidad internacional observa con atención si las próximas elecciones podrán finalmente romper el ciclo de inestabilidad o si Perú seguirá atrapado en esta dinámica de presidentes que entran y salen como por puerta giratoria.
Por ahora, los peruanos solo pueden esperar que la transición hacia las elecciones de abril se dé sin mayores sobresaltos. Aunque, siendo sinceros, en la política peruana reciente, apostar por la calma es como apostar contra la casa: casi nunca ganas.