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Perú se alista para su octavo presidente en 10 años y los empresarios ya tienen su lista de deseos

Perú se alista para su octavo presidente en 10 años y los empresarios ya tienen su lista de deseos

El Congreso censuró a José Jerí como presidente del Parlamento y mañana se elegiría a su reemplazo, que asumiría también la jefatura del Estado

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¡Agárrense que viene otro cambio de mando! El pleno del Congreso de la República aprobó la censura de José Jerí como presidente del Parlamento y, en consecuencia, como presidente de la República del Perú. Sí, leíste bien: otro presidente más para la colección. Mañana, 18 de febrero, se elegiría a quien tome la posta, y el país se prepara para recibir a su octavo mandatario en apenas una década. ¿Alguien lleva la cuenta o ya perdimos todos?

La puerta giratoria de Palacio de Gobierno

Perú se ha convertido en el campeón mundial de la rotación presidencial. Desde 2016, el país ha visto desfilar por Palacio de Gobierno a Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra, Manuel Merino (que duró menos que un helado al sol), Francisco Sagasti, Pedro Castillo, Dina Boluarte y José Jerí. Y ahora viene el octavo. Si esto fuera un reality show, ya habría ganado el rating de toda Latinoamérica.

La censura de Jerí como titular del Congreso —y por extensión como jefe de Estado— se concretó tras una votación en el pleno que dejó claro que la estabilidad política sigue siendo un concepto abstracto en la política peruana. El mecanismo de sucesión constitucional dicta que, ante la vacancia presidencial, asume el presidente del Parlamento, pero cuando este también cae, toca elegir uno nuevo.

La pregunta del millón: ¿quién será el elegido mañana y cuánto durará esta vez? Las apuestas están abiertas.

¿Y qué dicen los empresarios? Spoiler: quieren estabilidad

Mientras el circo político sigue su función, el sector empresarial peruano observa con una mezcla de resignación y esperanza. Según reporta Gestión, los gremios empresariales tienen claro lo que necesitan del próximo ocupante de la silla presidencial, y no es precisamente más drama.

La Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (CONFIEP) y la Cámara de Comercio de Lima han sido enfáticas: lo que el Perú necesita es previsibilidad, respeto al Estado de derecho y señales claras de que las reglas del juego económico no van a cambiar cada vez que cambia el inquilino de Palacio.

"Lo que los empresarios esperamos es estabilidad jurídica y económica. Sin eso, no hay inversión posible", es el mensaje que se repite en los pasillos del sector privado peruano.

Y es que la inestabilidad política tiene un costo real. La inversión privada se retrae cuando no hay certezas, los proyectos de infraestructura se paralizan y los inversionistas extranjeros miran hacia otros mercados de la región que ofrecen mayor previsibilidad. No es rocket science.

Los números que preocupan

El impacto económico de esta montaña rusa política no es menor. Perú, que alguna vez fue la estrella económica de Sudamérica con crecimientos sostenidos del PBI, ha visto cómo la incertidumbre política frena su potencial. La inversión privada ha mostrado señales de debilitamiento en los últimos años, y el tipo de cambio se mueve al ritmo de los escándalos políticos.

Los empresarios piden medidas concretas: destrabar proyectos mineros y de infraestructura, mantener la disciplina fiscal, respetar la autonomía del Banco Central de Reserva y, sobre todo, generar un ambiente de gobernabilidad que permita planificar a mediano y largo plazo. Nada del otro mundo, pero aparentemente imposible en el Perú reciente.

El sector minero, que representa una porción gigantesca de las exportaciones peruanas, es particularmente sensible a estos vaivenes. Proyectos multimillonarios como Tía María y otros han quedado en el limbo político durante años, y cada cambio de gobierno reinicia las conversaciones desde cero.

¿Hay luz al final del túnel?

La buena noticia —si es que se puede llamar así— es que la economía peruana ha demostrado una resiliencia notable a pesar del caos político. El marco macroeconómico se ha mantenido relativamente sólido gracias a instituciones como el Banco Central de Reserva, que ha operado con independencia técnica sin importar quién ocupe la presidencia.

Sin embargo, los analistas advierten que esta resiliencia tiene un límite. No se puede seguir cambiando de presidente como quien cambia de canal y esperar que la economía no se resienta. La confianza del consumidor, la inversión extranjera directa y el crecimiento del empleo formal necesitan algo que el Perú no ha podido ofrecer: continuidad.

"El Perú tiene los fundamentos económicos, pero necesita estabilidad política para despegar. Sin gobernabilidad, seguiremos siendo un país de potencial desperdiciado".

Mañana se conocerá al nuevo presidente del Congreso y, con ello, al nuevo presidente de la República. Los empresarios ya tienen su wishlist lista. La pregunta es si quien llegue estará dispuesto a escucharla o si simplemente será otro nombre más en la lista de presidentes que el Perú colecciona como si fueran figuritas.

Mientras tanto, los peruanos se preparan para lo que mejor saben hacer: adaptarse al cambio constante. Porque si algo ha demostrado este país es que, pase lo que pase en Palacio, la vida sigue. Aunque un poquito de estabilidad no le vendría mal a nadie, ¿no?