¡Y van cuántos ya! Perú sumó otro capítulo a su interminable telenovela política con la destitución del presidente interino José Jerí por parte del Congreso. La votación del martes desató una nueva ola de inestabilidad en un país que ya perdió la cuenta de cuántos mandatarios han pasado por Palacio de Gobierno en los últimos años. Y ojo, que las elecciones presidenciales de abril están a la vuelta de la esquina.
¿Qué pasó exactamente con José Jerí?
El Congreso de la República votó este martes para remover de su cargo al presidente interino José Jerí, quien había asumido el puesto tras la larga cadena de crisis presidenciales que viene arrastrando el Perú. La decisión fue contundente y dejó al país, una vez más, sin jefe de Estado en funciones.
Jerí, quien llegó al cargo de forma transitoria, no logró consolidar el apoyo necesario dentro de un Congreso profundamente fragmentado. Los legisladores argumentaron diversas razones para justificar su salida, en un movimiento que muchos analistas califican como otro ejemplo de la disfuncionalidad política peruana.
Para quienes llevan la cuenta —y ya es difícil—, Perú ha tenido una rotación de presidentes que haría girar la cabeza a cualquiera. Desde la destitución de Martín Vizcarra en 2020, pasando por el brevísimo mandato de Manuel Merino (que duró menos que un yogurt abierto en la refrigeradora), hasta Pedro Castillo y su fallido autogolpe en 2022, y la posterior asunción de Dina Boluarte, el país ha vivido en un estado de crisis permanente.
¿Por qué Perú no puede mantener un presidente?
La respuesta está en una combinación explosiva: un Congreso con poder desmedido para vacar presidentes, una clase política fragmentada en decenas de partidos sin ideología clara, y una Constitución que, según muchos expertos, facilita la inestabilidad al permitir la remoción presidencial por "incapacidad moral permanente", un concepto tan amplio que prácticamente cualquier excusa sirve.
El mecanismo de vacancia presidencial se ha convertido en el arma favorita de los congresistas peruanos. Mientras que en otros países de la región destituir a un presidente es un proceso extraordinario y complejo, en Perú se ha vuelto casi rutinario. Es como si el cargo viniera con fecha de vencimiento incluida.
Además, la desconfianza ciudadana en las instituciones está por las nubes. Según encuestas recientes, la aprobación tanto del Congreso como de la presidencia roza niveles históricamente bajos, con cifras que apenas superan el 5-10% de aprobación. Los peruanos están hartos, y con razón.
¿Y ahora qué viene?
Con la salida de Jerí, la línea de sucesión presidencial vuelve a activarse. Según la Constitución peruana, el siguiente en la cadena de mando debe asumir el cargo de forma interina hasta que se complete el proceso electoral previsto para abril.
Las elecciones presidenciales de abril se perfilan como la luz al final del túnel para un país desesperado por estabilidad. Sin embargo, el panorama electoral tampoco es exactamente alentador: el campo de candidatos está repleto de figuras polémicas y ninguno parece tener un apoyo mayoritario claro.
La comunidad internacional observa con preocupación. Perú, que alguna vez fue considerado un modelo de crecimiento económico en América Latina, ha visto cómo su crisis política afecta la inversión, el turismo y la confianza en el país. Organismos internacionales han hecho llamados a la calma y al respeto del proceso democrático.
El impacto en la vida cotidiana de los peruanos
Más allá de los pasillos del Congreso y Palacio de Gobierno, la crisis política tiene consecuencias reales. La incertidumbre ahuyenta inversiones, el sol peruano sufre presiones y los proyectos de infraestructura y políticas públicas quedan en el limbo cada vez que cambia el inquilino de la presidencia.
Los peruanos en redes sociales no tardaron en reaccionar con una mezcla de indignación y humor negro, como ya es costumbre. Memes sobre la "puerta giratoria" de Palacio de Gobierno inundaron las plataformas, mientras que hashtags relacionados con la crisis se volvieron tendencia en cuestión de minutos.
"Perú cambia de presidente más rápido de lo que Netflix cancela series", bromeó un usuario en redes sociales, resumiendo el sentir de millones de ciudadanos agotados por la inestabilidad.
¿Puede abril traer la calma?
La gran pregunta es si las elecciones de abril finalmente darán a Perú un gobierno con legitimidad y estabilidad. Los analistas son cautelosos: incluso si un nuevo presidente es elegido por voto popular, enfrentará el mismo Congreso fragmentado y hostil que ha tumbado a sus predecesores.
Para que Perú rompa este ciclo vicioso, muchos expertos coinciden en que se necesita una reforma constitucional profunda que redefina el equilibrio de poderes entre el Ejecutivo y el Legislativo. Sin eso, el próximo presidente elegido en abril podría ser simplemente el siguiente nombre en una lista cada vez más larga de mandatarios caídos.
Por ahora, Perú sigue en modo de supervivencia política. El mundo observa, los peruanos suspiran, y la pregunta que todos se hacen es siempre la misma: ¿cuánto durará el próximo?