Política Seguridad Economía Internacional Justicia Sociedad Deportes Entretenimiento
Destitución de José Jerí en Perú: cómo sobrevive la economía de un país con inestabilidad política crónica

Destitución de José Jerí en Perú: cómo sobrevive la economía de un país con inestabilidad política crónica

A solo cuatro meses de asumir el cargo, el Congreso peruano destituyó al presidente en un juicio político relámpago que suma otra crisis institucional

Compartir:

¡Y van cuántos ya! Perú vuelve a quedarse sin presidente después de que el Congreso destituyera a José Jerí en un juicio político exprés que dejó a más de uno con la boca abierta. A solo cuatro meses y una semana de haber asumido el cargo, Jerí se convierte en el más reciente capítulo de una novela política que parece no tener final. La gran pregunta que todos se hacen: ¿cómo es posible que la economía peruana siga a flote en medio de semejante montaña rusa institucional?

Un juicio político relámpago que nadie vio venir

El Congreso peruano acumuló y votó en conjunto siete cargos contra el presidente José Jerí, en lo que muchos analistas han calificado como un procedimiento exprés sin precedentes recientes. La destitución se concretó ayer, dejando al país sumido en una nueva crisis de gobernabilidad que, a estas alturas, ya parece parte del paisaje político peruano.

Lo llamativo no es solo la rapidez del proceso, sino el contexto: Perú se prepara para las elecciones de abril, que prometen sumar nuevos actores a un escenario político ya de por sí fragmentado. La rotación presidencial se ha convertido en una constante que desafía cualquier manual de ciencia política.

Con esta destitución, Perú acumula una cantidad alarmante de cambios en la jefatura de Estado en los últimos años, alimentando la percepción internacional de que el país vive en una inestabilidad permanente. Y sin embargo, los números económicos cuentan una historia diferente.

La paradoja económica peruana: caos arriba, estabilidad abajo

Aquí viene lo verdaderamente fascinante del caso peruano. Mientras el Congreso y el Ejecutivo juegan su particular partida de ajedrez político, la economía del país ha logrado mantenerse relativamente estable. ¿Cómo es posible? La respuesta tiene varios ingredientes.

Por un lado, el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) ha mantenido una política monetaria sólida e independiente que funciona casi en piloto automático, sin importar quién ocupe el sillón presidencial. Esta autonomía institucional ha sido clave para mantener la inflación bajo control y generar confianza en los mercados.

Además, la estructura económica peruana depende en gran medida de sus exportaciones de minerales —cobre, oro, zinc— cuyos precios internacionales han mantenido niveles favorables. La minería sigue siendo el motor que impulsa las cuentas fiscales, independientemente del drama que se viva en el Palacio de Gobierno.

La institucionalidad económica peruana ha demostrado ser más resiliente que su institucionalidad política, un fenómeno que los economistas llaman "el piloto automático" de la economía del país.

Sin embargo, los expertos advierten que esta resiliencia tiene límites. La inversión privada, especialmente la de largo plazo, necesita certidumbre política. Y cuando un país cambia de presidente cada pocos meses, los grandes proyectos de infraestructura y las reformas estructurales quedan en el limbo.

Elecciones de abril: ¿luz al final del túnel o más de lo mismo?

Con las elecciones de abril a la vuelta de la esquina, Perú enfrenta una disyuntiva crucial. Por un lado, los comicios representan la oportunidad de elegir un gobierno con legitimidad popular y mandato claro. Por otro, el historial reciente sugiere que el próximo presidente podría enfrentar el mismo destino que sus predecesores.

La fragmentación del sistema de partidos peruano es uno de los principales obstáculos. Sin mayorías claras en el Congreso, cualquier presidente queda expuesto a mociones de censura y juicios políticos que pueden activarse con relativa facilidad. Es un círculo vicioso que nadie ha logrado romper.

Los analistas señalan que mientras no se aborde una reforma política profunda —que incluya cambios en las reglas de juego entre el Ejecutivo y el Legislativo—, Perú seguirá atrapado en este loop de inestabilidad. Pero claro, ¿quién va a impulsar esa reforma si los que deberían hacerlo son los mismos que se benefician del sistema actual?

El impacto en la vida cotidiana de los peruanos

Más allá de las cifras macroeconómicas, la inestabilidad política tiene un costo real en la vida de los ciudadanos. Los programas sociales se paralizan con cada cambio de gobierno, las políticas públicas quedan a medio implementar y la confianza de la población en sus instituciones se erosiona cada vez más.

Según diversas encuestas, la aprobación del Congreso peruano se encuentra en niveles históricamente bajos, y la confianza en los partidos políticos es prácticamente inexistente. Los peruanos están cansados, frustrados, y muchos sienten que la política no los representa.

Cada cambio de presidente no es solo un titular en los medios: es la paralización de proyectos, el reinicio de negociaciones y la pérdida de tiempo valioso para un país que necesita avanzar.

La destitución de Jerí es, en definitiva, un recordatorio más de que Perú necesita urgentemente un nuevo pacto político. La economía puede aguantar un tiempo más en piloto automático, pero la paciencia de los ciudadanos y la confianza de los inversionistas no son recursos infinitos. Las elecciones de abril serán una nueva oportunidad, pero solo si los actores políticos entienden que el país necesita gobernabilidad, no más capítulos de esta interminable telenovela.