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Siete presidentes en 10 años y la economía peruana sigue firme: el misterio que nadie se explica

Siete presidentes en 10 años y la economía peruana sigue firme: el misterio que nadie se explica

Perú batió un nuevo récord de inestabilidad política con la destitución de José Jerí, pero los números económicos cuentan otra historia

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¿Siete presidentes en una década? Sí, leíste bien. Perú se ha convertido en el país que cambia de mandatario como quien cambia de playlist, y aun así su economía se niega a hundirse. Es como ese estudiante que nunca estudia pero siempre aprueba el examen. ¿Cómo lo hace? Vamos a desglosarlo.

El carrusel presidencial que no para de girar

Desde 2016, el Perú ha tenido una rotación de jefes de Estado que haría sonrojar hasta a las telenovelas más enredadas. Todo empezó con Pedro Pablo Kuczynski, quien renunció en 2018 antes de ser vacado por el Congreso. Le siguió Martín Vizcarra, que sí fue vacado en noviembre de 2020 en plena pandemia.

Luego vino Manuel Merino, cuyo gobierno duró apenas cinco días —sí, CINCO DÍAS— tras las masivas protestas que dejaron muertos y heridos. Francisco Sagasti tomó la posta como presidente de transición hasta julio de 2021, cuando Pedro Castillo asumió el cargo tras una elección polarizada hasta el extremo.

Castillo, el profesor rural que prometió cambiar todo, terminó dando un autogolpe fallido en diciembre de 2022 y fue destituido y arrestado ese mismo día. Dina Boluarte, su vicepresidenta, asumió el poder entre protestas que dejaron decenas de muertos en el sur del país. Y ahora, el martes más reciente, el Congreso destituyó al presidente interino José Jerí, sumando un nuevo capítulo a esta saga que parece no tener fin.

Siete presidentes. Diez años. Un país entero preguntándose: ¿y ahora quién sigue?

La economía que desafía toda lógica política

Aquí viene lo verdaderamente sorprendente. Mientras el Palacio de Gobierno parece tener una puerta giratoria, los indicadores económicos del Perú se mantienen notablemente estables. Según datos reportados por Expansión, la economía peruana ha mostrado una resiliencia que desconcierta a analistas internacionales.

El Perú cuenta con una política monetaria manejada por un Banco Central de Reserva (BCR) que ha sabido mantener su independencia a pesar del caos político. La inflación se ha mantenido controlada, las reservas internacionales siguen siendo sólidas y el sol peruano no se ha desplomado como muchos temían con cada nueva crisis presidencial.

¿El secreto? Los expertos apuntan a que las instituciones económicas peruanas funcionan con cierta autonomía respecto al circo político. Es como si la economía y la política vivieran en casas separadas, con direcciones distintas y sin hablarse en las reuniones familiares.

La estabilidad macroeconómica del Perú se sostiene sobre pilares institucionales que han resistido incluso los peores momentos de crisis política, algo que pocos países de la región pueden presumir.

¿Pero a qué costo social?

Ojo, que los números macro no cuentan toda la historia. Porque mientras el PBI crece y los bonos peruanos se mantienen atractivos para inversionistas, en las calles la realidad es otra. La inestabilidad política ha paralizado reformas urgentes en salud, educación e infraestructura.

Los proyectos de inversión pública se retrasan, las decisiones estratégicas se posponen y cada nuevo gobierno llega más preocupado por sobrevivir que por gobernar. Es el costo invisible de tener un presidente nuevo cada año y medio en promedio.

Además, la confianza ciudadana en las instituciones está por los suelos. Las encuestas muestran una desaprobación histórica tanto del Congreso como del Ejecutivo, y la sensación generalizada es que la clase política peruana está completamente desconectada de las necesidades reales de la población.

El Congreso, el verdadero protagonista de esta telenovela

Si hay un actor constante en este drama, es el Congreso de la República. Con la facultad de vacar presidentes y una fragmentación política extrema, el Legislativo peruano se ha convertido en una máquina de producir crisis institucionales.

La destitución de José Jerí es solo el último episodio de un Parlamento que parece más interesado en el juego de poder que en legislar para el país. Los congresistas, muchos de ellos investigados por diversos delitos, operan en un sistema donde las alianzas cambian más rápido que el clima en Lima.

La pregunta que todos se hacen es si este modelo es sostenible. Porque una cosa es que la economía aguante uno, dos o tres cambios de presidente, y otra muy distinta es que siga resistiendo indefinidamente mientras el país se gobierna en piloto automático.

¿Qué viene para el Perú?

Las elecciones generales de 2026 se acercan, pero nadie garantiza que el próximo presidente elegido por voto popular complete su mandato. El patrón de los últimos diez años sugiere que la inestabilidad política es ya un rasgo estructural, no una anomalía pasajera.

Lo cierto es que el Perú vive una paradoja fascinante y preocupante al mismo tiempo: es un país económicamente resiliente pero políticamente disfuncional. Un Estado donde los técnicos del BCR son más importantes que quien ocupe el sillón presidencial. Un lugar donde la economía camina sola porque, francamente, no le queda otra opción.

Siete presidentes en diez años. La economía sigue de pie. Pero, ¿hasta cuándo puede durar esta racha? Esa es la pregunta del millón de soles que nadie, absolutamente nadie, se atreve a responder.