El corazón de Ica se detuvo este 27 de julio para llorar y exigir verdad. En la cuarta cuadra de la calle Bolívar, en pleno centro de la ciudad capitalina, un grupo conmovido rindió un emotivo homenaje a “Ale Rouss”, la mujer trans de 26 años que fue brutalmente asesinada a balazos durante la madrugada del pasado 25 de julio. La concentración, organizada por familiares, amistades e integrantes de su comunidad, se llevó a cabo en el mismo lugar donde la víctima solía reunirse con sus seres queridos, transformando ese espacio urbano en un altar improvisado lleno de velas encendidas, flores frescas y mensajes desgarradores de despedida.
Un grito por justicia desde las lágrimas
Durante el acto, la emoción fue palpable. Las asistentes coincidieron al describir a “Ale Rouss” no solo como una víctima trágica, sino como un ser humano alegre, solidario y profundamente trabajador. Sin embargo, su muerte ha sembrado un clima de temor e incertidumbre entre las integrantes de la comunidad trans local. Una de sus amigas más cercanas tomó la palabra con voz entrecortada: “Estamos aquí pidiendo justicia por nuestra amiga. Esto no puede quedar impune”. La exigencia fue clara y contundente: solicitaron a la Policía Nacional del Perú (PNP) y al Ministerio Público acelerar las investigaciones forenses e informativas para identificar, localizar y capturar a los responsables de este hecho violento.
Amenazas previas y el miedo crece
La tragedia no llegó sin advertencias. Según revelaron sus allegados durante la concentración, Ale Rouss habría recibido amenazas graves días antes del ataque fatal. Ante la presión y el peligro inminente, la joven había tomado la decisión de cambiar su lugar de trabajo con la esperanza de evitar conflictos mayores, una medida que lamentablemente no fue suficiente para protegerla. Otra de las asistentes expresó entre lágrimas: “Somos mujeres trans, somos seres humanos y también merecemos respeto”. Este sentimiento de vulnerabilidad se ha intensificado al recordar que este no sería el primer crimen de características similares en la región; el miedo a ser la siguiente víctima ronda ahora sobre muchas compañeras.
Próximos pasos: movilización social
A pesar del dolor, la comunidad trans de Ica muestra una firme determinación. Tras las declaraciones emotivas y tras haber realizado ayer por la tarde el sepelio oficial en la provincia homónima, las participantes anunciaron que no se quedarán con los brazos cruzados. En los próximos días están organizando una movilización pública masiva para exigir el esclarecimiento total del crimen y obtener mayores garantías de seguridad física para todas las personas trans. “Si hoy no se hace justicia por mi amiga, mañana cualquiera de nosotras puede ser la siguiente”, advirtió con firmeza una de las participantes en el lugar.