¡Atención, emprendedores y amantes del shopping online! Si creías que vender por Instagram o TikTok era solo subir fotos bonitas y esperar los likes, piénsalo dos veces. El Gobierno ha presentado un proyecto de nuevo reglamento para el Libro de Reclamaciones que llega con todo: ahora, quienes venden a través de plataformas digitales como Facebook, TikTok e incluso Instagram deberán implementar obligatoriamente este mecanismo formal. La medida busca regular las relaciones comerciales en la era digital y proteger al consumidor final.
¿Quiénes están afectados por esta nueva regla?
No solo los grandes marketplaces se ven impactados. El alcance de esta propuesta es bastante amplio e incluye a emprendedores, microempresarios y vendedores independientes que operan desde sus redes sociales. La idea central es clara: si vendes algo en internet, debes tener un canal formal para recibir reclamos. Esto significa que las ventas informales o puramente por chat privado podrían quedar sujetas a una regulación más estricta, obligando a los comerciantes digitales a contar con procedimientos claros de atención al cliente.
El impacto en el mundo del comercio digital
Expertos han señalado que esta medida tiene un peso significativo para la estructura actual del comercio electrónico. Para muchos emprendedores peruanos, las redes sociales son su principal vitrina comercial. La exigencia de implementar un libro de reclamaciones implica una formalización adicional: ya no basta con responder mensajes directos; se requiere un sistema registrado y accesible que garantice los derechos del comprador. Esto podría cambiar la dinámica de cómo se resuelven las disputas en plataformas como Facebook Marketplace o tiendas virtuales creadas sobre Instagram.
¿Qué significa esto para ti?
Básicamente, si eres vendedor online, el tiempo de adaptación es ahora. La normativa busca alinear a los vendedores digitales con la Ley del Consumidor vigente, asegurando que haya un rastro formal en caso de problemas con productos o servicios. Para las plataformas grandes (marketplaces), esto refuerza su rol como intermediarios responsables. En resumen: el mundo digital ya no es una zona gris sin reglas; ahora tiene sus propias normas escritas y obligatorias.